Mientras toda una nación celebra un triunfo de unos jugadores de cualquier deporte, yo me siento y reflexiono sobre un pasado que no volverá y un futuro incierto. Pensando que el triunfo no es ganar un partido, el triunfo es ganarle minutos a la vida, sentir que cada uno de ellos ha servido para colmar de placer la existencia.
No son los largos caminos lo que nos desespera, sino saber, que todos los caminos acaban, y que no podremos volver sobre nuestros pasos para saber que se sintió. Soy el resultado de miles de pasos por un camino llamado vida, soy una huella en el bosque.
Grandes momentos vendrán y tan rápido como pasarán, se irán y me dejarán ese amargo sabor de distancia y soledad que vivo a diario al recordar aquellas tardes en el parque o aquellos paseos interminables agarrado a la mano de mi padre, echo de menos las horas de recreo jugando, ajeno al dolor que existía en el mundo, inocente, y feliz.
mientras camine sabré que aun dejando partes importantes atrás, me quedan años por recorrer, pues no hay camino más largo que el que tiene fin.