domingo, 21 de octubre de 2012

La dulce y tierna historia de la estafa del amor

el amor empieza ningún día que  estás cansado de dormir solo. Como un corderillo camina hacia el matadero, yo sonrío feliz  sin ser consciente de cual es mi destino. Me siento tan estafado como una mujer de los años setenta que sale de casa por primera vez a trabajar intentando parecerse a una mujer europea, lo que no sabe es que el marido vive bien siendo el hombre de la casa llegando y tumbándose en el sofá.
Nada es como esperaba, y no hay nadie que te avise ni te ayude cuando el amor llega.
También es culpa mía por esperar más de lo que lo que me podía dar, también es culpa suya, por ni siquiera intentarlo. Aunque soy feliz, no lo soy, y aunque sonrío de verdad, no lo hago, hay algo que siempre está ahí, algo de lo que ya hablé y algo que se repite en el tiempo.
Yo solo quiero asistir a la vida para ver que pasa, y que mientras el débil tapiz de la felicidad no se rompa.
Y que no se diga "de todas las palabras tristes dichas o escritas" un pudo haber sido, entregaré todo de mi aunque me quede sin combustible para el después, si es que después hay algo. Malo es pensar en lo que pudo ser y no fue en aquellas decrépitas relaciones, que por no intentarlo acabaron mal.
Al final lo único cierto de los cuentos de hadas que nos contaban es que eran cuentos, que el amor se acaba y que el odio es lo que nunca perece.