viernes, 28 de junio de 2013

por los siglos de los siglos

¡Ay! mi niño que vas muriendo dentro de mí.
¡Ay! que la noche llega implacable.
El amargo sabor de la muerte de vierte sobre tu recuerdo.
Dudé que el cielo pudiese caer sobre tan débil cuerpo.
Mientras el gris entra por mi ventana, y no nos damos cuenta...
Tu voz y tu rostro son mi recuerdo.
Por favor que los pájaros no vuelen el día de mi entierro,
por favor acabar conmigo un día nublado, que el sol y su esplendor no me vean caer.
¡Que la lluvia acompañe vuestras lágrimas como si del mismo Dios llorando se tratara!
Que un último paseo os regale por donde solíamos caminar unidos.
Y sobretodo por favor no me dejéis en el olvido.
Por los siglos de los siglos.

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