La paciencia brillaba por su ausencia el día que creyendo ser buenos fuimos malos.
Ni amables ni correctos, corruptos y correosos.
Que a veces la vida es un veneno que actúa a largo plazo y que la gravedad nos empuja hacia dentro.
Pero no, no pensábamos así, porque ser joven y humano resultaba ofensivo a nuestra juventud.
Luego con los años entendimos que nuestro papel no era de víctima, sino de culpable, y que además todos lo eramos.
Que se marchó de vacaciones hace un tiempo aquel entonces. Y no se si fue tu condescendencia o mi maldad pero todo acabó mal a fin de cuentas.
Un día pude haber sido bueno si lo hubiese pensado detenidamente, porque preferiría haber perdido mi tiempo antes, que ahora muerto no puedo usarlo.
Y realmente de lo único que me arrepiento es de no haberme arrepentido.
Que me avisaron los mayores que yo, y ahora les doy la razón. La vida fue un fracasado proyecto de ciencias naturales.
Perdí demasiado el tiempo intentando no perderlo, pues no sabía que debía enredarme en la calle desengaño.
Mas callen y admiren como siguen nuestro camino aquellos con con sus veinte primaveras creen cambiar el mundo, bajo el mando de la hipocresía que no ven tener.
Pues justos hipócritas fuimos al darle a la vida un valor que no tenía, y por creernos dueños de nuestro devenir que ni siquiera poseemos.
Y todo por no ser bueno cuando quise serlo, ciego admiradores de nosotros, conquistadores de mentiras.
martes, 27 de mayo de 2014
Los buenos malos
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